Durante todos estos años, hemos sido pioneros en muchas cosas. ¿Quién nos iba a decir allá por 1988, que la idea de desmontar los autobuses que ya no servían para el transporte de personas iban a dar, paso a paso, lugar a lo que hoy es en día alegria activity? Pero, ¿Quién nos iba a decir también, que en el siglo XXI, íbamos a compartir espacio de trabajo y de oficina con animales?

Pues sí. Así es nuestro ADN. Desde hace ya unos años, en nuestra delegación de Vitoria-Gasteiz, nos acompaña una perrita que es un miembro más del equipo. Su nombre es Piti y recorre las oficinas diariamente como una más. Su presencia transmite alegría, realza la colaboración entre los compañeros de trabajo y favorece la relación entre clientes y trabajadores.

Los tres niveles de la experiencia de marca

La experiencia del consumidor en relación a una marca no puede analizarse desde una perspectiva parcial sino desde un punto de vista holístico. El consumidor no es un sujeto pasivo que recibe una serie de impactos por parte de una marca, sino un activo que articula relaciones con la marca en diferentes momentos y niveles. En este sentido, las aportaciones que el Design Thinking como metodología de diseño de servicios aporta al marketing resultan muy interesantes.

Cuando las marcas y las personas están al mismo nivel

La comunicación comercial nació al albor de la segunda revolución industrial. Se introdujo la electricidad, el fordismo se asentó como principal método de fabricación y se creó una clase media con capacidad económica para acceder a productos de gran consumo.

Era un consumidor inexperto que no conocía los productos. Las marcas trataban de persuadir con mensajes informativos con las bondades de los productos que fabricaban. Era una comunicación en un sólo sentido a través de la prensa escrita primero; de la radio después; y finalmente de la televisión, que pasó a ser un miembro más de la familia en casi todos los hogares de occidente. Los consumidores asistían obnubilados desde su sofá al monólogo de las marcas que les incitaban a comprar.

Ocho ejemplos de la eficacia de vivir experiencias

Vivir y experimentar en primera persona no es algo exclusivo del mundo de la educación o de los negocios. Su uso en el marketing es más reciente (en alegria activity hemos vivido la evolución del sector prácticamente desde sus inicios), y su eclosión llega ahora, en un momento de declive de la publicidad tradicional y de saturación de los medios digitales. En un contexto en el que el consumidor cada vez está más informado y sabe comprar mejor; la oferta es creciente; la sensibilidad a los precios mayor; los canales de venta se multiplican y los niveles de fidelidad cada vez más difíciles de mantener, vivir experiencias se convierte en una carta que las marcas incorporan a sus estrategias de marketing.

La experiencia es un grado

Las marcas llevan años pidiendo matrimonio a los consumidores en la primera cita. Sin que estos apenas supieran nada de ellas. “Soy X marca y si me compras te prometo este beneficio”. Este es la mecánica básica que la comunicación publicitaria ha seguido desde los años 50 y que sigue funcionando aún hoy, en plena era digital. Los banners, pop-ups y demás formatos invasivos que interrumpen al usuario subrayan esta tendencia. Y como en la vida real, pedir matrimonio a las primeras de cambio nunca fue una buena idea.

Recibimos unos 3.000 impactos publicitarios al día y apenas recordamos cinco cuando nos vamos a dormir. Cuñas de 30 segundos, spots de 20, banners desplegables, faldones de 3x4, mupies con letra a tamaño 22 y otro elenco de formatos dispuestos a deslumbrar al consumidor. O no, quien sabe.

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